jueves, 24 de marzo de 2016

Qué es la miopía

La miopía no es una enfermedad, sino una alteración de la visión.

Un ojo miope es incapaz de enfocar correctamente los objetos lejanos, que se ven borrosos y poco definidos. Además de gafas y lentes de contacto, existen otros medios para corregir este defecto visual.

¿Qué es la miopía?

La miopía es una alteración refractaria del ojo debido a la cual este es incapaz de enfocar correctamente los objetos lejanos, provocando que el sujeto tenga una visión borrosa y poco definida de las formas de los mismos. La miopía no está considerada como una enfermedad, sino como una alteración de la visión.

Fisiología de la visión

Cuando un rayo de luz incide sobre el ojo lo primero que encuentra es la córnea. Tras la córnea, el rayo luminoso debe atravesar la cámara anterior, que se encuentra rellena de un líquido denominado “humor acuoso”. El humor acuoso, unido a la córnea, actúa como una lente concentradora que convierte el rayo luminoso en una especie de cono luminoso, cuyo vértice se encuentra dirigido hacia el interior del globo ocular.

Posteriormente, el rayo luminoso alcanza el iris (tabique en forma de diafragma), formado tanto por fibras musculares radiales, como circulares, con un orificio central (pupila), que aumenta o disminuye su diámetro en función de la intensidad y cantidad de luz que es preciso que penetre en el interior del ojo. A través de la pupila el rayo luminoso pasa al cristalino, que es un pequeño órgano biconvexo, totalmente transparente, similar a una lente de aumento variable gracias a la capacidad de modificación de su curvatura.

Una vez traspasado el cristalino, la luz debe atravesar una masa gelatinosa clara denominada humor vítreo. Este líquido rellena todo el interior del ojo desde el cristalino hasta la retina. Por último, el rayo de luz llega inalterado hasta la retina, que es una membrana sensible transparente, ubicada en la zona posterior del ojo, sobre la que se dibuja la imagen proyectada por el cristalino. La retina está formada por varias capas superpuestas, y está constituida por una expansión del nervio óptico. Se encuentra compuesta por células sensoriales que perciben tanto el color de los objetos como su forma y tono. Las impresiones obtenidas por estas células son conducidas a través del nervio óptico al centro visual del cerebro, que es el encargado de dar forma a la imagen y procesarla.

La imagen proyectada por el cristalino sobre la retina se encuentra invertida respecto a la imagen original, y el cerebro es el encargado de corregir esta alteración de la imagen del mundo externo y procesarla.
La miopía se transmite de los padres miopes a sus hijos, 
aunque también puede afectar a personas sin antecedentes familiares.

Causas de la miopía

En el proceso de visión normal, los rayos de luz que penetran en el ojo sufren un proceso de refracción a través de la córnea y el cristalino. En este proceso, los rayos son enfocados exactamente en la retina, lo que provoca la visión nítida y la perfecta percepción del objeto.

Sin embargo, en el ojo miope, el proceso de refracción se encuentra alterado, lo que provoca que la luz se enfoque justo delante de la retina. Cuanto más alejado de la retina sea el proceso de enfoque respecto de la retina, mayor dificultad existe de percepción de la imagen (más dioptrías). Esto es debido principalmente a dos posibles causas:
  • Que la córnea esté demasiado curvada.
  • Que el globo ocular sea demasiado grande.
Origen de la miopía

La miopía presenta un componente genético claro, transmitiéndose de forma dominante de padres miopes a hijos; no obstante, esta alteración de la visión puede aparecer en personas carentes de historial de miopía familiar, así el origen puede ser:
1. Patológico: determinadas enfermedades pueden desencadenar de forma temporal (pseudomiopía) o definitiva la aparición de miopía. Es el caso de ciertos tipos de cataratas (pérdida de transparencia del cristalino que altera el proceso de refracción del rayo de luz), queratoconos (alteración anatómica de la córnea por la cual esta es más delgada y protuberante hacia fuera, lo que altera el proceso de refracción de los rayos de luz), diabetes tipo 2, etc.

2. Medioambiental: no se encuentra plenamente demostrada una relación directa entre la aparición de esta afección y el desempeño de labores que exijan la cercanía constante al ojo del objeto a tratar durante toda la etapa de desarrollo del niño.

3. Tóxico: el consumo de determinadas sustancias puede provocar alteraciones pasajeras o definitivas en el proceso de visión.
La miopía magna (9 dioptrias o más) se puede asociar a problemas degenerativos de la retina.

Tipos de miopía

En función del número de dioptrías desarrolladas, entendiendo por dioptría el grado de refracción de la lente que es preciso anteponer al ojo del paciente para que el proceso de visión propio del ojo sea correcto, existen 2 tipos de miopía:
Miopía simple: el paciente presenta hasta 8-9 dioptrías. Suele aparecer en la infancia o juventud, y tiende a estabilizarse una vez finalizado el proceso de crecimiento (en torno a los 21 años).

Miopía magna: el paciente presenta 9 dioptrías o más, por lo que precisa un tiempo de estabilización mayor. En ocasiones se asocia a problemas degenerativos de la retina, humor vítreo o coroides, con un riesgo mayor de desprendimiento de retina, cataratas o glaucoma.
En ambos casos, cuanto antes aparezca la alteración, más severa será en el momento de la estabilización (más dioptrías).
El diagnóstico de miopía se realiza usando optotipos 
que permiten comprobar la agudeza visual del paciente.

Síntomas y diagnóstico de la miopía

Los síntomas típicos de la miopía son:
1. Dificultad para distinguir los objetos por tener una visión borrosa de los mismos; al entornar los ojos (“achinar” los ojos) los detalles se aprecian con mayor nitidez.

2. Cansancio ocular intenso con rojez.
Diagnóstico de la miopía

El diagnóstico de esta alteración se realiza a través de optotipos, destacando los “optotipos de Snellen”, compuestos por varias filas de letras, números o signos similares (“c” y “e”, “d” y “b”, etc.), de menor tamaño a medida que bajamos en las filas. Cada fila indica en un lateral la agudeza visual necesaria para leerla correctamente.

En el caso de que el paciente no sepa leer o sea demasiado pequeño para entender las diferencias entre las letras se recurre a una “E” mayúscula en 4 posiciones distintas y se solicita que el paciente indique hacia dónde está abierta.

Para que el proceso de diagnóstico sea correcto la medición debe ser realizada con el paciente a 6 metros de distancia del optotipo, y de forma independiente para cada ojo (debe ser tapado uno de los ojos y evaluado el descubierto y a la inversa) para evitar graduaciones incorrectas debidas a la presencia de un ojo vago u otras alteraciones.

En niños menores de 16 años es recomendable una revisión visual al menos cada año en el caso de no presentar ninguna anomalía (deberá ser más frecuente si ya se ha detectado alguna alteración de la visión), y en los adultos cada 2 años (excepto si se ha padecido o se padece alguna afección ocular).
Las lentillas para tratar la miopía son más cómodas que las gafas y proporcionan mejor visión lateral.

Tratamiento de la miopía

En función del grado de alteración visual (número de dioptrías), edad, enfermedades concomitantes o, simplemente, interés del paciente, existen diversos tratamientos de la miopía, tanto paliativos como definitivos.

Empleo de gafas

Se pueden utilizar a cualquier edad y su precio es asequible. Son un tratamiento paliativo (su uso no cura la alteración, sino que la contrarresta). No son adecuadas en determinados trabajos ni en ambientes húmedos, debido a que se empañan. Los cristales se rompen fácilmente si se golpean, pero se han desarrollado cristales orgánicos más resistentes. Se emplean lentes divergentes. 

Lentes de contacto

Resultan más cómodas al ir adheridas a la superficie del ojo. Proporcionan mejor visión lateral que las gafas. Precisan unas condiciones de cuidado y conservación para evitar su deterioro y que se produzcan daños en los ojos durante su empleo (arañazo de la córnea, infección, etcétera). Generalmente, no se pueden utilizar más de 24 horas consecutivas ni mientras se duerme, variando el tiempo máximo de uso continuado en función de la situación ocular del paciente (grado de lubricación lacrimal, sensibilidad del ojo, etcétera) y del tipo de lentilla. Suelen provocar un ligero aumento de la sensibilidad del paciente a la intensidad de la luz solar. Todas las lentillas deben ser desechadas y sustituidas por otras nuevas, con distinta periodicidad, dependiendo del tipo de lentilla. 

Ortoqueratología (ORTO-K)

Es un tipo de técnica correctora que consiste en el empleo de un tipo especial de lentillas durante el sueño que alteran la forma de la córnea. Al ser retiradas por la mañana la alteración morfológica permanece durante un tiempo no superior a 72 horas, lo que permite al paciente poder ver de forma correcta sin necesidad de gafas o lentillas. Esta técnica solo se puede emplear con pacientes que tengan, como máximo, 6 dioptrías.

Cirugía refractiva
1. LASIK: se trata de un proceso de microoperación ocular en el cual, con un microtomo, se secciona una pequeña lámina de tejido corneal externo y se retira. Posteriormente, con una técnica de modificación con luz ultravioleta se remodela la geometría del tejido corneal hasta adecuarlo para que no se ocasione la difracción de la luz que provoca miopía. La lámina que fue retirada se vuelve a colocar sin necesidad de sutura. El proceso suele precisar un tiempo de intervención de 15 minutos por ojo, con anestesia local, y sin hospitalización previa ni posterior del paciente. El postoperatorio suele conllevar visión borrosa y sensibilidad lumínica, que remiten con el tiempo.

2. PRK: se elimina, empleando un microláser, una capa externa de la córnea, lo que deja la superficie más plana (los miopes suelen tener la superficie de la córnea deformada). Cuantas más dioptrías tenga el paciente mayor será la superficie externa a seccionar. Es un proceso más doloroso que la técnica LASIK, y precisa un postoperatorio más prolongado.

3. Queratotomía radial: consiste en una consecución de pequeños cortes en la córnea que reducen su curvatura. Se trata de un procedimiento obsoleto mejorado por otras técnicas más actuales.
Riesgos de la cirugía refractiva: en general todas las técnicas quirúrgicas oculares pueden cursar con sensación de incomodidad y lagrimeo durante las horas posteriores a la intervención, pudiendo existir fotofobia y sequedad ocular hasta 6 meses después de la cirugía. Las posibles complicaciones de las intervenciones quirúrgicas oculares son: 
1. Desprendimiento de la retina.
2. Visión de halos alrededor de las luces.
3. Hipermetropía. Sería el efecto “rebote”. El paciente no ve correctamente los objetos que se encuentran cercanos por formación de la imagen “detrás” de la retina.

4. Perduración de la miopía. Aunque el paciente tiene menos dioptrías, no logra ver perfectamente los objetos lejanos.

5. Perforación de la córnea.
6. Aumento de la presión intraocular con aparición de glaucoma.
7. Infección de la úlcera (herida) de la córnea.
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