jueves, 31 de marzo de 2016

El castillo de Anaya

Frágil como un castillo de naipes es el proyecto que construye el dirigente nacional del PAN, Ricardo Anaya, para postularse en el 2018 como candidato presidencial. La sombra de la traición persigue al panista

A pesar de ser uno de los líderes más jóvenes que ha tenido el Partido Acción Nacional (PAN), Ricardo Anaya ya aseguró un legado de división.

Electo en agosto del 2015 para encabezar al PAN hasta el 2018, Anaya ha dedicado su tiempo como líder nacional a pavimentar el camino para que él –o uno de los suyos- sea el candidato presidencial panista dentro de dos años.

Los resultados de la elección del próximo 5 de junio no serán el único factor que determine las siguientes acciones de Anaya frente al partido.

Desde ahora, el llamado “joven maravilla” del PAN ha promovido la desunión al interior de su partido, al haber dado la espalda no solo a sus adversarios, sino a quienes lo impulsaron en su carrera política.

Tal parece que la lealtad de Ricardo Anaya se mueve conforme a las circunstancias.

Su crecimiento meteórico desde que tenía 18 años –hoy tiene 37 años de edad-, se potenció al cobijarse de líderes locales y nacionales a quienes ha abandonado a mitad del camino, cuando prefiere el pragmatismo.

Hoy, Anaya se alejó tanto de calderonistas como de maderistas y se ha refugiado en un grupo que ha ido posicionándose rumbo al 2018.

Pero para la elección presidencial falta aún mucho tiempo. La lealtad de Anaya podría cambiar nuevamente, como lo ha hecho en los últimos 19 años.
¿Anaya al 2018?

El contador que se despliega al abrir la página web del PAN es claro.

Según su conteo, faltan 832 días para el “Regreso del PAN a Los Pinos”.

Ricardo Anaya ha sido enfático al decir que su principal tarea es hacer que su partido gane las próximas elecciones presidenciales.

¿Buscará él ser quien abandere al PAN en 2018?

El discurso de Anaya cuando buscaba la presidencia nacional del PAN hablaba de algo diferente a lo que mostraron sus hechos, tiempo después.

“Debemos trabajar para tener un partido unido, reconciliado, sin resentimientos, incluyente, donde todos tengamos cabida. Hay que superar ya la lógica de grupos que tanto daño nos ha hecho”, pedía Anaya a los panistas en su decálogo como candidato.

Ahora, aunque se dice que comprometió su apoyo a Moreno Valle para ser candidato del PAN a la Presidencia de la República, varios indicios muestran que busca posicionarse él mismo.

Su aparición en la mayoría de los spots del partido, el protagonismo al anunciar propuestas legislativas de sus bancadas, y hasta la sana cercanía con el Gobierno federal y el presidente Enrique Peña Nieto, hablan de un político que avanza lento hacia una posible nominación presidencial.

Incluso Margarita Zavala, exprimera dama y aspirante a la candidatura presidencial del PAN, afirma que no comparte la estrategia de comunicación institucional del albiazul que ensalza la figura de Anaya.

El 18 de marzo pasado, la periodista Katia D’Artigues rememoró en su columna del diario El Universal una declaración de Anaya en una entrevista que le dio en octubre del 2014.

“Desde que recuerdo haber empezado a pensar a qué me quería dedicar, tuve bastante claridad que me quería dedicar a la política. ¿Cuál puede ser la mayor aspiración? Ser presidente de México. ¿A quién no le gustaría? Pero no soy una persona que tenga obsesiones”, le dijo Anaya a D’Artigues.

Sin embargo, Anaya se ha cuidado muy bien de no hacer una declaración pública sobre sus intenciones. Entre los panistas es un secreto a voces: el presidente nacional del PAN mueve sus piezas para ser considerado candidato presidencial en el 2018 por aclamación.

Al utilizar como bandera política la lucha contra la corrupción, Anaya busca ganar el apoyo ciudadano y ser conocido como un político joven en el que se puede confiar para cambiar el rumbo del país.

Pero los grupos que enemistó en su travesía como presidente nacional del PAN también mueven sus piezas.

Los maderistas trabajan ya en acercamientos con el PRD para impulsar la figura del gobierno de coalición y coquetean con la posibilidad de llegar a la contienda con un candidato en común.

Los calderonistas que permanecen fieles al expresidente consideran que Zavala es la mejor carta del PAN en el 2018, aunque vaya como candidata independiente.

Y aunque el grupo de Moreno Valle y Anaya ahora opera como uno solo, no se descarta que luego de las elecciones de junio próximo, donde se decidan 12 nuevas gubernaturas, puedan dividirse y tratar de postular cada uno a su abanderado.

Lo que ninguno debe olvidar es que la elección del candidato del albiazul a la Presidencia de la República se realizará por el voto de los militantes panistas.

El ascenso

Ricardo Anaya comenzó desde muy joven su carrera política en Querétaro, a pesar de haber nacido en Naucalpan, en el Estado de México. A nivel nacional, sin embargo, comenzó a figurar hasta el 2012, cuando llegó a la Cámara de Diputados.

Su incursión en la política ocurrió en el año 1997, a la edad de 18 años, cuando Francisco Garrido Patrón era presidente municipal de la ciudad de Querétaro y lo nombró director del Instituto Municipal de la Juventud de esa localidad.

En el año 2000, cuando tenía 21 años, se afilió al PAN y fue nominado como candidato a una diputación local que perdió en las elecciones de ese año.

Tres años después, Garrido Patrón, quien es considerado su “padre político”, gana la elección como gobernador de Querétaro y lo lleva a trabajar con él como su secretario particular.

Fue entonces que Anaya conoció las formas de hacer política desde un gobierno estatal.

Sus detractores en Querétaro lo han acusado de haber realizado prácticas “al viejo estilo priista”, como la compra de votos o la afiliación al partido de forma masiva a cambio de materiales para construcción o despensas.

Los seis años del gobierno de Garrido Patrón, Anaya fue quien realizó el trabajo en tierra para beneficiar su carrera política.

Escuela Superior De PNL





Reporte Indigo

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