martes, 19 de enero de 2016

La caja de pandora ya está abierta

Después del debate republicano de la semana pasada y la consistencia de Trump al frente de las encuestas, muchos norteamericanos tienen miedo de lo que puede suceder si el magnate llega a la presidencia. Pero la realidad es que todos los demonios que se anticipan si ‘El Donald’ llega a la Casa Blanca ya son una realidad en Estados Unidos desde hace mucho tiempo.

El partido republicano tuvo su último debate antes de la definitiva asamblea partidista del Estado de Iowa, la cual se llevará a cabo el próximo 1 de febrero.

Tradicionalmente, los Iowa Caucuses son decisivos para señalar, casi concluyentemente, quiénes serán los dos finalistas – uno demócrata y otro republicano - a la presidencia de los Estados Unidos de Norteamérica.

El debate del pasado jueves no fue trascendental y las diferencias no fueron abismales con respecto a los temas tratados en los anteriores encuentros.

El apoyo a portar armas, el temor a los musulmanes y los constantes ataques a los fracasos de la administración de Barack Obama continuaron siendo las constantes en los discursos de todos los candidatos.

Lo más destacado de la noche fue el primer intercambio de ataques directos entre Donald Trump y Ted Cruz, los ahora candidatos punteros.

Ted Cruz arremetió contra los valores de Nueva York – Trump es neoyorquino – y dijo que es sabido por todo el país que los habitantes de esa ciudad son “socialmente liberales, son pro aborto, pro matrimonio gay y están enfocados solamente en el dinero”, dijo el senador republicano. Ted Cruz es considerado uno de los políticos más acaudalados de su partido.

Por su parte, Trump puso en duda la viabilidad de que Cruz compita por la presidencia, al haber nacido en Canadá y defendió la reacción de los neoyorquinos ante los ataques del 9/11.

Al final, los dos candidatos – que comparten cierta camaradería y coinciden en muchos temas políticos – se ofrecieron mutuamente la vicepresidencia, asumiendo ambos una victoria anticipada.

Después de toda la odisea mediática, Donald Trump sigue siendo el claro puntero. Su defensa de la respuesta de los ciudadanos de Nueva York ante los ataques terroristas incluso le sumó críticas positivas.

El millonario inmobiliario todavía le saca un promedio de 15.2 puntos porcentuales a Ted Cruz, su más cercano competidor.

A un mes de las asambleas en Iowa los demás pre candidatos ven cada vez más lejos sus aspiraciones de ser elegidos y es claro que pronto tendrán que decidir si apoyan o no a Trump.

Uno, dos, tres… Donald viene por ti

Durante meses los analistas políticos han anticipado el final de la moda provocada por las escandalosas declaraciones de Donald Trump y vaticinado su fracaso en su búsqueda por la nominación republicana.

Hace seis meses todo alrededor de Trump parecía un chiste. Un elemento que acarrearía mucho entretenimiento a la aburrida carrera presidencial y se desvanecería cuando las cosas se pusieran serias.

Hoy, es claro que ver a Trump como el candidato de los conservadores ha dejado de ser algo inaudito y está a punto de suceder.

Esto ha generado una serie de reacciones de pánico de varios sectores liberales de la sociedad estadounidense, quienes ven en Trump a un neo fascista, que de llegar a la Casa Blanca sería capaz de arremeter con impunidad contra las minorías raciales, los homosexuales, las mujeres y otros grupos vulnerables en su afán por hacer a EU “grande otra vez”.

Pero los que piensan que Donald Trump despachando en la Oficina Oval sería una pesadilla anti liberal se olvidan de mirar a su alrededor. 

Creer que “El Donald” presidente destruirá los derechos y libertades que ahora gozan los estadounidenses y el odio racial se convertirá en una constante en la nación, significa que no están conectados con los más recientes acontecimientos de su país.

Las peores pesadillas ya son la realidad

Primero, las deportaciones masivas de ilegales centroamericanos que Trump ha prometido llevar a cabo, ya están sucediendo bajo la administración de Obama.

En su campaña Trump prometió evacuar a 11 millones de ilegales. Obama ya ha deportado a 2 millones – más que cualquier otro presidente en la historia de EU - sin necesidad de construir una muralla gigante en la frontera con México.

Segundo, el racismo. Uno de los problemas que se creía haber superado hace medio siglo con la entrada triunfal a Washington de Martin Luther King Jr. y sus defensores de los derechos civiles sigue más vigente que nunca.

La constante y creciente segregación en las escuelas públicas y la desproporción de prisioneros afroamericanos en las cárceles con respecto a los criminales blancos es una realidad de todos los días.

Tamir Rice, un niño de 12 años que jugaba con una pistola de juguete en un Estado donde está permitido portar un arma sin que ésta sea escondida, fue asesinado por dos policías, que después del juicio fueron declarados inocentes.

En Estados Unidos afroamericanos como Rice son los culpables. “No eran ningunos angelitos”, exclaman algunos oficiales.

Culpar a los policías es antiamericano y casi una traición a la patria, pero cuando un ciudadano blanco comete una matanza masiva los reportes de los medios casi siempre describen al atacante como una persona “que casi no hablaba y un tanto retraída.”

Esos mensajes dejan ver claramente la división racial que existe en Estados Unidos en el siglo XXI. Hay ciudadanos norteamericanos de primera y de segunda. Éstos últimos tienen todas las desventajas, mientras que la mayoría de los primeros disfrutan de todos los privilegios del sueño americano.

Es claro que existen otros ejemplos donde es claro que la ley en Estados Unidos no funciona igual para todos.

Las mujeres no son todavía libres de decidir sobre su cuerpo sin que un psicópata asesine a cientos en una clínica que practica abortos.


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Reporte Indigo

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