sábado, 5 de diciembre de 2015

Obsolescencia programada: 7 productos diseñados para fallar

La sociedad de consumo y la obsolescencia programada son la base del sistema económico y social actual. Pero a diferencia de lo que muchos creen, este sistema no es nada nuevo, sino que empezó a utilizarse en la década de 1920. La revolución industrial derivó en la producción masiva de todo tipo de productos. Ante la enorme oferta de todo tipo de artículos, era necesario crear una demanda constante. Para lograrlo, se incentivó la compra a través de la obsolescencia: era necesario que los productos no durarán toda una vida, sino que se rompieran y así los clientes se verían obligados a adquirir otros nuevos.
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En este artículo te contaremos algunas de estas estrategias y te mostraremos, uno por uno, productos específicos y de uso masivo en las que se aplican.
7. Cartuchos de tinta

Todos sabemos que una serie de nuevos cartuchos de inyección de tinta puede costar más que la propia impresora, por lo que reducimos al mínimo las impresiones. Sin embargo, es muy difícil evitar el derroche, ya que muchos cartuchos de tinta vienen con chips inteligentes que desactivan la impresión cuando uno de los colores llega a un cierto nivel. Es normal que tanto los fabricantes como los proveedores nos aconsejen no utilizar cartuchos genéricos, y sin embargo, estos funcionan de la misma manera. Además, aquellos que nos permiten volver a llenarlos de tinta evitan que desechemos innecesariamente el plástico con el que están hechos.
6. Videojuegos

En general, la política de las empresas de videojuegos se mantiene firme en la idea de no dejarnos disfrutar de los juegos viejos en las consolas nuevas. Cuando el Super Nintendo salió a principios de 1990, convirtió a la Nintendo Entertainment System en un aparato obsoleto. La enorme biblioteca de la consola de 8 bits no se podía utilizar en la nueva. Esta falta de compatibilidad impulsa la venta de los nuevos dispositivos y de cada uno de sus juegos.
5. Software

Al igual que el caso anterior, muchos programas son incompatibles con los archivos o las versiones anteriores. Actualizaciones que ofrecen mejoras y, sobre todo, una mayor seguridad, siempre son bienvenidas en la comunidad de usuarios. Sin embargo, una nueva versión de un sistema operativo, implica muchísimos cambios, ya que nos obliga a utilizar las actualizaciones más recientes de muchos de los programas que usamos en él.

Pero el tema no termina en software, ya que los avances en los programas a menudo impulsan las ventas de hardware, ya que las versiones más nuevas requieren máquinas cada vez más potentes, con mayor memoria RAM, una pantalla táctil, mayor capacidad en el disco rígido y mucho más.
4. Los libros de texto

Cuando era chica, Internet era un privilegio de pocos y una tecnología desconocida para el común de los mortales. Los alumnos llenábamos la biblioteca de los colegios para poder realizar una tarea completa, consultando gordos y pesados tomos de enciclopedia. Al finalizar el año, quienes no tenían hermanos menores vendían el libro de texto utilizado y los demás, lo guardábamos intacto para los más pequeños del hogar.

Esta pequeña estrategia familiar no pudo sobrevivir mucho tiempo, ya que los editores decidieron realizar pequeños retoques anuales en sus libros. En general, la información es la misma, pero se distribuye de manera distinta, se quitan y se agregan algunos detalles. Las maestras piden la nueva edición y cierran el ciclo de obsolescencia de un libro que podría tener una larga vida útil. No tienes porqué sumarte a esta locura, una charla amena con las autoridades del colegio podría hacerlos cambiar de opinión.

3. Coches

El coche modelo T de Ford fue un éxito para la industria automovilística americana, pero tenía un problema que en los años veinte era todavía incongruente: estaba concebido para durar. Ese fue su fracaso. General Motors, su competencia, dejó de lado la ingeniería y apostó por el diseño. Dio retoques cosméticos a sus coches, lo que le permitió que los clientes cambiaran de modelo muy a menudo. ¿A quién le importaba que el motor funcionara diez años, si en poco tiempo cambiaría el coche por otro de distinto color o con algún arreglo superficial?

Además, los fabricantes descontinúan partes que de otra manera podrían estar disponibles para las reparaciones. A diferencia de los primeros modelos, los automóviles son accesorios de moda, y por tanto, sólo se los mantiene por unos pocos años.
2. Baterías y equipos electrónicos

¿Todavía tienes en funcionamiento tu viejo y pesado Nokia? Quizás el nuevo modelo no dure tanto, y no porque no sea bueno, sino porque muchas de las aplicaciones que utilizas ya no correran si no actualizas el sistema operativo; o quizás porque su batería dure cada vez menos o alguna de sus partes se rompa al golpearse y no haya forma de cambiarla. Muchos dispositivos como notebooks, reproductores de MP3 y tabletas programan su obsolescencia a través de las baterías.

Existen impresoras que dejan de funcionar al llegar a un número determinado de impresiones; lavadoras que se estropean a los 2.500 lavados exactos y ya no se pueden reparar; televisores limitados en 20.000 horas de duración y son sólo un ejemplo.

Uno de los casos más conocidos es de los primeros iPods, cuya batería estaba programa para durar entre 8 y 12 meses. Apple recomendaba cambiar el aparato por uno más nuevo. Tras una denuncia de consumidores, la empresa se comprometió a asegurar dos años de vida en sus iPods y estableció un departamento de recambios.
1. Bombillas eléctricas

En algunos museos todavía se pueden ver encendidos los primeros focos de Thomas Edison, después de más de 100 años. Sin embargo, las bombillas que utilizamos hoy en día suelen durar, como mucho, uno o dos años. ¿Por qué? Si un producto dura años, el negocio no sería rentable ya que la gente no seguiría comprando bombillas. Así que decidieron fabricar lámparas con un filamento que al cabo de cierto tiempo, se rompiera. Un poderoso lobby de fabricantes de lámparas, el cártel Phoebus, presionó para limitar la duración de las bombillas. En los años cuarenta consiguió fijar un límite de 1.000 horas.

¿Conocías estos productos fabricados para fallar? ¿Cambiarás tu forma de comprar ahora que lo sabes? Esperamos que sí.



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